domingo, 19 de junio de 2011

Fecha 19 - Clausura 2011

No pasó desapercibido a los ojos del buen observador un hecho que ahondó en la conclusión más fácil de sacar tras el pasado sábado: la ausencia del Poder Ejecutivo de la Nación en la generación de una igualdad de oportunidades para todxs. Es indignante que muchos argentinos no hayan podido contar con cinco televisiones para vivir en simultáneo la Gran Definición del Torneo Néstor Kirchner. Como mínimo, cinco pantallas gigantes en Plaza de Mayo. Mal ahí.
La otra observación simple es el resumen en dos horas de lo que fue este torneo, definible como 'una basura', hablando mal y pronto: miles y miles de argentinos mirando cómo un puñado de equipos concluían reñidamente lo que fue la definición de... el descenso.
Y se nos fue otro campeonato más. Diecinueve domingos, diecinueve semanas que conmovieron al país ya llegaron a su fin. Se extrañará la previa al fin de semana, el post en los canales deportivos, la calculadora y los promedios. Un ciclo termina. 'Gracias a Dios!' dirán algunos, 'Menos mal! Con el embole que me estaba pegando...' también se escucha, 'Ojalá hubiera durado un cacho más así zafábamos de la promo' dirán otros. Pero lo real es que malo o bueno, aburrido o divertido según quién lo mire, debemos esperar algo más de un mes para que la pelota vuelva a rodar.
Claro, si no somos de Gimnasia o Huracán... o de River. Sí, señora Mary, como lee: River Plate finalmente cayó en promoción, y se le terminaron las fechas para corregir tres temporadas muy tibias en juego pero muy calientes para el hincha y la institución. Ya se habló en todos los medios, ya se cobraron todas las apuestas, ya se tiraron todos los zapatos que había en la cancha, ya se vendieron a la 12 las entradas para la promoción con Belgrano, ya se gastaron a todos los amigos gallinas. Y llegó la hora de asumir la realidad, la hora de que alguien se ponga al hombro lo que no pudieron ni Aguilar, ni Passarella, ni Cappa, ni Astrada, ni Simeone, ni el Negro López, ni el arquero suplente de Olimpo, ni todos los que se atravesaron la banda roja por el pecho. Esperemos que salven a la magna institución, esperemos, por la dignidad del gallina común, que en el Nacional B Boca Unidos no los humille tanto como Boca Juniors.
Más impactante que la promoción de River, ya predicha hacía tiempo por muchos colegas, fue la eventual salvación de Huracán. Rompiendo por fin la racha negativa de 3 goles por 0 para ampliarla a 5 por 1, los jugadores del equipo de Parque Patricios esperaron, con lágrimas en los ojos, el verdadero milagro. Este milagro no se trato de que, a pesar de perder frente al Rojo, su equipo haya logrado un desempate con Gimnasia, sino de algo más insólito aún: Cristian Cellay convirtió, dos veces, para Boca Juniors. Tarde pero seguro, se retirará de Casa Amarilla por la puerta trasera pero sin las patadas en la cabeza que recibirán su tocayo Lucchetti o su tocayo de peinado, Walter Erviti.
Esto no quitó que tanto los antes nombrados como el resto de sus compañeros hayan tenido una flojísima actuación. Se dice que Cristian Lucchetti entrenó para esta fecha en la misma academia que Juan Pablo Carrizo y Esteban Cambiasso, la ADAP (Asociación para la Distracción del Arquero Pelotudo), mientras que el Pichi Erbes nos engañó a todos con su regreso: apareció en el once inicial, pero no se lo vio dentro de la cancha.
El domingo finalizó el campeonato con el encuentro entre Vélez y Racing. Los de Avellaneda abrieron el marcador, para dar paso al paisaje ya habitual: el rival invirtió el resultado. 'No, bueno, el equipo jugó bien, estuvimo todo más o meno bien, pero al final no se pudo ganar porque Miguel nos dijo que tuviéramo cuidado con Morale, uno negrito y petisito, y con Augusto Fernánde, que es alto y morochón también, pero con Matía (por Cahais) no entendíamo a cuál había que marcar porque eran todo rubio' enunció un confundido Aveldaño.
De todas maneras, una vez más la fiesta en Liniers se vio opacada por una noticia más trascendente. El domingo anterior, la despedida de Martín Palermo; éste, la promoción de River Plate.
Se fue un torneo que nos tuvo cuatro meses en vilo, y seguramente el deseo de todos por mejorar es el mismo: que se acabe la violencia, que haya más entradas para los visitantes, y que los jugadores recuerden sobre qué se trata el campeonato: fútbol.

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